sara campo martinez
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Ideas de las que se hablará en los próximos meses, antes que otros
medios, explicadas de forma sintética, "en una página". Para entender
hacia dónde vamos.
Con la participación de las mejores mentes de nuestra red de innovadores, que aportan sus ideas y experiencias.
He podido leer recientemente un libro con nuevas ideas, algo hoy no muy frecuente. Se trata del texto Everything is miscellaneous: the power of the new digital disorder. He aquí algunas de las principales ideas del mismo. 
Hace unos pocos
años, en la Universidad de Berkeley se intentó medir de forma
seria la cantidad de información que se producía anualmente en el
mundo.
En el 2002, la cantidad total se estimaba en 5 exabytes (5 x 1018
bytes): unas 37000 nuevas Bibliotecas del Congreso norteamericano
cada año. Más aún, ese año se movieron por los canales electrónicos
(teléfono, radio, TV e Internet) unos 18 exabytes de información,
más de tres veces la información que se produjo. El estudio no se
ha vuelto a realizar. Pero sus efectos los estamos viviendo cada día.
De hecho, entonces no usábamos, por ejemplo, las cámaras digitales
masivamente como ahora. Pensemos en cuantas gigas ha generado cada uno
de nosotros en el último año sólo con fotos y videos digitales.
Con los métodos
con los que hemos ordenado tradicionalmente la información (un catálogo
con unas "pestañas" temáticas, como los capítulos del sistema
decimal de las bibliotecas) resulta imposible organizar lo que hoy producimos.
Es cierto que Google ayuda, sobretodo cuando la información
es muy estructurada (encontrar una foto de un Ferrari, por ejemplo).
Pero la realidad es que es hoy más frecuente "tropezarse" en
Google con algo que no buscabas pero que te puede interesar (information
encountering) que localizar exactamente lo que quieres a la primera
(information finding), especialmente, como he dicho, cuando aquello
que buscamos es poco estructurado ("cuál es el mejor libro
sobre innovación").
Es obvio que
en el mundo digital no podemos pretender ordenarlo todo como en una
biblioteca. De hecho, este desorden (que no podamos asignar un sitio
a cada cosa) puede ser incluso beneficioso: ¿por qué no poner una
información en diferentes sitios simultáneamente, de manera que diferentes
personas buscando de diferentes maneras tengan mayores probabilidades
de encontrarlo?
Esto es exactamente
lo que se está haciendo en sitios como Amazon. Un mismo libro
puede ser "catalogado" en diferentes partes del "catálogo".
En número de "etiquetas" que puede llevar es infinito. El potencial
lector lo puede encontrar (tropezarse con él) de muy diferentes
maneras. Ahora que muchos libros se están digitalizando, en el extremo
cada palabra del libro es una "etiqueta" por la que podemos encontrarlo
cuando buscamos "en texto completo".Más aún, los propios lectores,
con sus comentarios, pueden ayudar a "ordenar" el libro de muy diferentes
maneras (los usuarios se convierten así, en cierto modo, en editores).
Un lector que ha leído un libro y ha comprado otro puede ser una fuente
de selección para otros lectores (Amazon utiliza está idea
de "serendipia planificada" para que te encuentres (tropieces) con
libros potencialmente de tu interés, a partir de la información que
se acumula de los perfiles psicográficos (filtros colaborativos) de
sus clientes).
Y ésta es una
de las paradojas desveladas por el libro: "la solución a la sobreabundancia
de información es justamente más información". Cuantas más etiquetas
se pongan a una información concreta, más maneras posibles de llegar
a ella, por múltiples caminos.
Por tanto,
quizás el exceso de información actual nos obliga a pensar que no
hay un "orden natural" de la información, y que no hay nadie que
tenga el privilegio y virtud de poder ordenarla. Es la colaboración
desordenada en la etiquetación de informaciones en Internet la que
genera un nuevo tipo de orden (una foto etiquetada en Flickr
con distintos nombres puede ser encontrada por distintas personas que
buscan distintas cosas).
En el mundo
digital, las reglas de "ordenación" siguen otros principios, nos
recuerda Weinberger. Tres de ellos: 1) filtrar a la salida, no a la
entrada (no tratar de oganizar las cosas de antemano, sino tras el resultado
de una búsqueda; 2) poner una información en tantos lugares como sea
lógico ponerla, a través de múltiples etiquetas; y 3) todo puede
ser metadata, ya que, como hemos dicho, en el extremo toda palabra de
un libro puede ser una etiqueta que lleve a él.
Algunas conclusiones
para las empresas. ¿Debemos continuar creyendo que nuestros productos
responden a una única forma de catálogo y que nuestros clientes tienen
que ajustarse a ella? (lo que Weinberger denomina el "esencialismo"
en los negocios: esto es lo que hago, se llama así, y tienes que usarlo
de esta forma. No importa cómo te presentes al mercado; representas
diferentes cosas para diferentes colectivos (y la demografía tradicional
deja de tener sentido). El consumidor se convierte en un útil "catalogador"
de tus productos (él dice para qué le sirve el producto, paralelamente
a lo que tu dices que sirve; los usuarios inventan usos del producto).
En especial, esto tiene críticas implicaciones en la forma en la que
se organiza la oferta de productos y servicios en el mundo digital:
una misma oferta puede estar en múltiples lugares.
La participación
de los usuarios en el etiquetado de las informaciones, cuando es en
masa, permite que emerja orden en el desorden digital ("the power
of new digital disorder"). Toda cosa puede ser clasificada de
múltiples maneras: no hay un orden "natural".
No hay un sitio
para cada cosa, sino que cada cosa puede estar en múltiples sitios,
simultáneamente. Cuanto más miscelánea una cosa, más encontrable
cuando la buscas.
En el mundo
digital, el orden se genera cuando buscas.
(Mensaje 951. Serie iniciada en 1995)
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