Salud es futuro

Por Alfons Cornella

Según Schumpeter, la clave del capitalismo es la innovación (a través de su concepto de «destrucción creativa», que es como la aplicación de la teoría de la selección natural de Darwin aplicada a la empresa: sólo los que innovan sobreviven, porque adoptan unas características que les permiten superar a los que no lo hacen, que en el camino quedan destruidos). Para innovar es fundamental disponer de recursos: por ello, Schumpeter dice que, quizás, el instrumento fundamental del capitalismo es el crédito, disponer de dinero avanzado, con la voluntad de que rinda a futuro. Por tanto, no hay sistema capitalista sin la palabra a futuro. El capitalismo es optimismo hacia el futuro. Las crisis aparecen justamente cuando se ve el futuro con suspicacia, cuando se es pesimista respecto a él. Nuestro sistema económico se reduce a crear valor, crear dinero, a partir de ideas, movilizando para ello recursos que deberán rendir en el futuro.

Salud

En este orden de cosas, la salud es una variable fundamental del capitalismo. Hasta ahora, una frase como ésta podía significar que el sector de la salud era económicamente importante, o sea, que movía mucho PIB. Y es cierto. Algunos informes de prospectiva sobre las economías avanzadas del mundo proponen que la industria de la salud puede ser la «salvación» de aquéllas frente al crecimiento industrial y de servicios de Oriente. Esto lo hemos visto en algunos de nuestros proyectos, como el elaborado recientemente para TICSalut en Catalunya, donde hemos documentado una veintena de ejemplos de innovación en la aplicación de tecnologías a la salud. Y también hemos evidenciado cómo empresas industriales convencionales entran en el campo de las tecnologías médicas, buscando mayores márgenes (el caso de Avinent.com es ejemplar).

Una de las razones de la potencia de este sector es que todos somos clientes del mismo: acabaremos enfermos, tarde o temprano, y cada día la sociedad es más anciana, por lo que requiere mejores y más sofisticados servicios. Y esto ocurre en todo el mundo. Los servicios de salud son una industria universal, y la tendencia es que sean un servicio universal en todas partes (de hecho, la extensión de la cobertura sanitaria a más porcentaje de la población puede que se convierta en uno de los temas estrella de la campaña presidencial en 2008 en Estados Unidos).

Cada día la sociedad es más anciana, por lo que requiere mejores y más sofisticados servicios. Y esto ocurre en todo el mundo. Los servicios de salud son una industria universal, y la tendencia es que sean un servicio universal en todas partes

Pero hoy la frase en cuestión («la salud es una variable fundamental del capitalismo») tiene más significados. Así, por ejemplo, si Jacques Attali acierta en su pronóstico sobre el futuro en los próximos cincuenta años, los dos sectores más boyantes de la economía del futuro serán el entretenimiento (para distraer el miedo al hoy) y los seguros (para mitigar el miedo al mañana). Ello significaría que, por ejemplo, los individuos asegurarán su vida, su salud, su casa, su coche, pero también su empleo, su pareja, su felicidad quizás. Y el sistema de seguros, la industria de asegurar, exigirá a sus asegurados más y más garantías de que estos se cuidan, de que cumplen unos estándares de salud (física y mental) que reduzcan al óptimo lo que en ese sector se conoce como «riesgo moral» (la tendencia del humano a engañar: uno se puede asegurar la vida en mucho dinero cuando sabe que va a morir, por ejemplo). Las oportunidades que ello podría generar en la industria de la salud son inimaginables: sistemas portátiles para detectar si cumples el estándar en cada momento (y me refiero a cosas más sofisticadas que el termómetro o la medida de la presión sanguínea, claro está), y, más allá, sistema para corregir tu mal estado (tu avería) en tiempo real. O sea, tú mismo te analizas, tú mismo te corriges.

Porque, en una economía schumpeteriana voraz, estar saludable será esencial para competir. No en vano algún estudio ha mostrado alguna vez que una característica común de grandes empresarios de la historia es, justamente, su salud.

La normalidad es lo que la sociedad acepta como tal. Hace unos siglos, llevar gafas se convirtió de golpe en aceptable. Hoy, lo es operarse de miopía

En esta línea, no nos debe extrañar que los humanos aceptemos hibridarnos con todo tipo de objetos y maquinaria. Las prótesis, físicas (caderas de titanio o dentaduras postizas) y químicas (Viagra o Prozac), estarán a la orden del día. La superación de las deficiencias, físicas y mentales, con la ayuda de la tecnología, será algo habitual, si es que no lo es ya. En una entrevista con Daniela Cerqui, en el próximo número de if..., descubrimos que la pregunta fundamental que emerge de los posibles cyborgs (hombre-máquina) es muy simple: ¿en qué consiste la normalidad? O sea, ¿qué es ser normal? Cerqui ha llegado a una conclusión interesante: la normalidad es lo que la sociedad acepta como tal. Hace unos siglos, llevar gafas se convirtió de golpe en aceptable. Hoy, lo es operarse de miopía. Mañana, implantarse cámaras en los ojos. Hoy, algunas discotecas sólo aceptan a clientes que llevan implantado un chip bajo la piel. Mañana, quizás pagaremos el metro acercando el antebrazo, con el chip bajo la piel, ante la puerta rotatoria de la estación.

Ray Kurzweil ha dicho en su texto The singularity is near: when humans transcend biology que el momento en el que hombre y máquina se funden (tecnología + biología) es un momento realmente único en la historia de la humanidad, una singularidad en la que las leyes de lo conocido no tienen por qué funcionar. Una sociedad de cyborgs es una sociedad básicamente diferente. Piénsese, por ejemplo, en que algunos están diciendo que el descubrimiento de que ciertos comportamientos psicológicamente anormales sean consecuencia de anomalías del cerebro pone en cuestión hasta qué punto la persona que los padece, y que, en consecuencia, ejecuta actos socialmente punibles, es responsable de ello. Así, un cyborg, ¿debería ser juzgado como hombre o como máquina?

Para terminar, la gran pregunta seguirá siendo por algún tiempo si la inmortalidad es posible. Un científico inglés, Aubrey de Grey, y algunos otros, consideran que la muerte no es esencialmente inevitable, y que puede llegar algún día a ser manejable. Kurzweil es más atrevido, y asegura que esto lo verán ya nuestros hijos, y que para los más jóvenes del planeta la cuestión es cuidarse para llegar a los 80 años, y así enganchar entonces la posibilidad de ser eterno.

Claro que uno se pregunta qué sentido tendría ser eterno, si toda la gracia de la vida es el carpe diem de los latinos: aprovecha cada momento como el último. Si uno es eterno, para qué molestarse.

Todo ello, por cierto, sin dejar de lado que el acceso a servicios de salud es aún muy limitado en la mayor parte del mundo, y que tratar de mejorarla debería ser una obligación de nuestra especie.

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Comentarios

La medicina como "negocio"
Nadie cuestiona que la gran mayoría de los humanos con medios, que por desgracia son una minoría en el planeta tierra, el factor salud, a partir de los 30 años es el mas valorado y por el que más se está dispuesto a apgar o sacrificarse para no perderla, de ahí la garantía del éxito empresarial de todas las acciones rigurosas que se aometan para atender la creciente demanda de servicios sanitarios de calidad

Escrito por Rodolfo Rodríguez Campos [12/07/2008 a las 19:16]

Averías vs Prevenciones
Hace años proliferaron los servicios de cirugia plastica (reactiva). Ahora en cambio, parece que la medicina estética (preventiva) empieza a tomar más fuerza. Creo que tiene sentido mirar a un futuro que va a 'prevenir' mas que 'corregir'. La poblacion se envejece ... y enseña a las nuevas generaciones. Quizas no se trata tanto de servicios de 'corregir las averias' que es lo que hace la medicina tradicional, sino de nuevas formas de 'prevenir que ocurran averias'. El modo de vida que incentiva el capitalismo es mas un reto a la salud humana que otra cosa. Y tambien este modelo esta cambiando. Los valores de las personas cambian. Los servicios que ofrecen los psicologos son los que catalizan este cambio de actitud en los individuos, porque se centran mas en los valores del individuo que en los que marca 'el capitalismo'. Quizas en un futuro sea esto lo que prolifere; igual los individuos empiezan a bailar de otra forma ... y sera 'el capitalismo tradicional' el que tendrá que readaptarse para poder seguir 'innovando' con nuevos servicios que tengan mas sentido (en una sociedad mas preventiva que reactiva)

Escrito por Lluis [28/02/2008 a las 10:26]

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