Infonomia, desde 2000

Alex Jadad

La aplicación de la tecnología

Por Jorge Juan Fernández Garcí­a

Médico colombiano de 44 años, de familia con origen libanés, y educado en Inglaterra, vive actualmente en Canadá. La revista Time lo eligió en 2001 como uno de los siete nuevos canadienses que en el siglo xxi transformarían ese país, donde acaba de ser seleccionado como uno de los 10 hispanos más influyentes. El doctor Alex Jadad es líder de Innovación y fundador del Centre for Global eHealth Innovation de la Universidad de Toronto, en donde tienen dos cátedras en la Facultad de Medicina. En España, Jadad es presidente de la fundación Instituto de Innovación para el Bienestar Ciudadano (Andalucía). Alex vino a España invitado por el Hospital Sant Joan de Déu para colaborar en su jornada «La innovación en los hospitales».

Alex Jadad

¿Cómo se ve España desde el otro lado del Atlántico?

España es un país que ha sacado excelentes notas en los últimos años. Los datos más recientes señalan un PIB per cápita en 2006 por encima de la media de la UE-27 (incluso por encima de Italia), y un crecimiento económico en los últimos años superior al 3% de forma sostenida. Pero suspende en tres cosas muy importantes. Primero, en educación. El informe PISA 2006 (estudio sobre el rendimiento educativo de estudiantes de 15 años en 57 países) no les ha dejado bien parados. Además, sólo hay una universidad española en la lista de las 200 más importantes del mundo. Segundo, suspende en inversión en I+D, en la que está todavía muy por debajo de la media europea. Tercero, suspende en eficiencia. Son los europeos que más horas trabajan, pero son los menos productivos. Esto es una gran pena, ya que la enorme creatividad que tienen los españoles muchas veces se desperdicia en actividades triviales o en simple protección contra la mala leche, con un coste muy alto en términos personales y familiares.

Conceptualizamos la tecnología como un instrumento que nos permita liberarnos de aquellas tareas o actividades que no justifican nuestra existencia como médicos o que no fortalecen nuestra relación con los pacientes

Frente a esto, ¿qué es lo que hay que hacer?

Lo más importante es entender que la mejor opción para crear una sociedad de bienestar sostenible es a través de la colaboración. Ningún país ni institución tiene el tiempo, el dinero o la masa crítica de talento que se requiere para enfrentarse a los desafíos actuales, muchos de los cuales tienen un alcance global: por ejemplo, el impacto de las enfermedades crónicas, el riesgo de una pandemia, el deterioro medioambiental o los conflictos bélicos. En el sector de la salud, específicamente, el concepto clave ahora es hacer cosas juntos. Hay que pensar en trabajar con el paciente. No para el paciente o por el paciente, sino con el paciente. Hay que estar preparados para unir esfuerzos a través de fronteras tradicionales, bien sean políticas, geográficas, profesionales, institucionales o culturales. Es una pena ver cómo el concepto de autonomía regional se ha traducido en fragmentación. España no puede darse el lujo de tener 17 sistemas sanitarios diferentes. Sólo los que entiendan esto serán capaces de extraer el máximo rendimiento al conocimiento y a las tecnologías existentes para que las personas, independientemente de quiénes sean o dónde estén, tengan una vida con los niveles más altos posibles de salud y bienestar.

¿Qué es el Centre for Global eHealth Innovation?

Es una institución con sede en Canadá que actúa como un punto de encuentro y de simulación del futuro del sistema sanitario, con el que se promueve colaboración en el ámbito mundial para ayudar a acelerar la transformación del sistema sanitario mediante el uso innovador de las tecnologías de la información y la comunicación (Internet, telefonía móvil...).


¿Qué ideas han puesto en marcha?

Tenemos más de 50 proyectos en marcha en este momento. Un ejemplo es la Clínica Virtual. Nosotros conceptualizamos la tecnología como un instrumento que nos permita liberarnos de aquellas tareas o actividades que no justifican nuestra existencia como médicos o que no fortalecen nuestra relación con los pacientes. Mediante la Clínica Virtual los pacientes se pueden preparar antes de una consulta, comunicarse con profesionales sanitarios y con otros pacientes a través de Internet y encontrar servicios de apoyo en la comunidad. De esta forma, el tiempo que compartimos en la consulta es tiempo de máxima calidad: podemos dedicarlo a aclarar dudas, conversar y explorar con cuidado las diferentes opciones de una decisión delicada y hasta llorar juntos si es necesario. Esta plataforma fue creada con apoyo de filántropos y utilizando herramientas de código abierto, con el fin de compartirla con cualquier grupo interesado en el mundo, sin costes adicionales. Adoptarla en países hispanohablantes no sólo sería maravilloso sino un buen ejemplo de la materialización de la misión que tenemos en nuestro centro en Canadá.

Cinco de las diez innovaciones premiadas el 2007 en Science Magazine están relacionadas con la salud. ¿Cuánto cree que tardaremos en explotarlo para crear bienestar y riqueza?

¿Qué más nos pueden aportar las tecnologías?

Mucho, particularmente con respecto a nuevas vías para compartir el conocimiento. La tecnología es un estupendo instrumento para ello. Wikipedia, por ejemplo, ilustra cómo herramientas de web 2.0 y de redes sociales permiten crear economías de escala para el beneficio de todos. En menos de una década, con menos de 10 empleados a tiempo completo, Wikipedia ha crecido hasta convertirse en la fuente de conocimiento más importante del mundo. Ya tiene más de 7.000.000 de artículos en más de 200 idiomas diferentes. En inglés, ya hay más de 2.000.000 de artículos, producidos por miles de voluntarios, quienes sin pago han contribuido a la humanidad con su conocimiento. En castellano es una pena ver que apenas se superan los 300.000 artículos, menos que en polaco, holandés o italiano. Este diferencial no se ajusta con la importancia de nuestro idioma, una de las lenguas más habladas del mundo. ¿Qué hacemos nosotros en clase en Canadá? Les pedimos a nuestros alumnos que, como buenos ciudadanos del mundo, escriban sus trabajos de clase como artículos para Wikipedia, que compartan su conocimiento. Tenemos una de las generaciones más brillantes y preparadas de la historia, ¿no es acaso una buena tarea y una experiencia magnífica para ellos publicar en Wikipedia? ¿Qué evita hacer lo mismo, en todas y cada una de las facultades en España, Colombia, Argentina o el resto de Hispanoamérica? En las universidades y colegios podemos fácilmente invitar a los estudiantes a trabajar en equipo y crear contenido que beneficie al mundo. Así no sólo desarrollaríamos el espíritu de altruismo, sino que también podríamos sentir, en carne propia, cómo lo que parece una pequeña contribución puede servirle a muchas personas más allá de nuestro entorno inmediato.

Tecnología para evitar las actividades de menor valor añadido, tecnología para compartir el conocimiento... ¿Alguna otra iniciativa con impacto?

Estamos muy orgullosos de nuestro trabajo con los niños: ¡son un agente de cambio brutal! Uno de cada dos adultos en Norteamérica (y seguramente también en España) tiene dificultades para entender información básica sobre su salud. Estos adultos, según demuestran los estudios, tienen una tendencia mayor a enfermar y a tardar más tiempo en solicitar ayuda. Por otro lado, invertimos muy pocos recursos en prevención o en promoción de la salud. El sistema sanitario aún sigue obsesionado con tratar de curar enfermedades. A fin de remediar este problema, empezamos a trabajar con niños para desarrollar historias en las que se expliquen temas de salud pero de una forma distinta a como lo hacemos entre adultos. Los adultos nos hemos vuelto aburridos. ¡Es horroroso cómo nos comunicamos! Y así creamos un personaje, que llamamos Mr. Knowsit o Sr. Sabiondo. Queríamos crear historias que satisfacieran las necesidades de información de los niños y que fueran fáciles de entender, que no diera miedo leerlas y que los convirtiera en verdaderos agentes de cambio, capaces de contribuir a mantener sus propios niveles de salud y los de los adultos en sus vidas.

Algunos piensan que la mejor forma de predecir el futuro es creándolo. ¿A qué actividades del conocimiento deberíamos dedicar nuestros recursos? ¿Dónde nos jugamos el futuro?

No me gusta hacer recomendaciones, pero mi opinión al respecto es que los países y las instituciones deberían invertir más recursos en promover la innovación que la investigación. Esko Aho, antiguo primer ministro finlandés, hizo la diferencia entre estos dos términos definiendo a la investigación como «la inversión de dinero para generar conocimiento» y a la innovación como «la inversión de conocimiento para generar valor». Mi versión de esta última es «la inversión de conocimiento para generar calidad de vida». Si lo que hacemos no puede aumentar nuestro estado de bienestar y contribuir a la protección del planeta, no se justifica. Conocimiento generado mediante la investigación hay mucho en el mundo esperando a ser explotado para el bien de la humanidad y la creación de riqueza. Piense una cosa: cinco de los diez descubrimientos más importantes del año 2007 identificados por Science Magazine están relacionadas con la salud. ¿Cuánto cree que tardaremos en convertirlos en fuentes de bienestar y riqueza? Mucho más de lo que se justifica si no aprendemos a trabajar juntos. Todos tenemos la capacidad de innovar. Sin embargo, debemos creérnoslo y dar el primer paso. Sólo así podremos construir un mundo mejor y que se ajuste a lo que las próximas generaciones esperan y merecen.

Jorge Juan Fernández Garcí­a es Senior Manager de Antares Consulting.

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