Nick Leon, director de Design London

Por Fernando L. Mompó

Tras trabajar más de 30 años en IBM como diseñador, ingeniero y gestor, Nick Leon se convirtió en un evangelista del poder del diseño y del enfoque multidisciplinar para transformar las prácticas de negocio. Interesado por la manera en la que las ciudades compiten por los mercados del siglo XXI, Nick Leon ha estudiado en profundidad el impacto del las TIC en la vitalidad económica y social de las mismas. Después de asesorar a proyectos como 22@ en Barcelona o el establecimiento de una red wifi en el londinense Canary Wharf, Leon ha sido nombrado recientemente director de Design London, un centro de excelencia para la formación en innovación en el que será obligatorio el trabajo multidisciplinar entre diseñadores, ingenieros, científicos y gestores de negocio.

Fotografía de Nick Leon

¿Cómo se llega desde los campos del diseño y de la ingeniería a interesarse por la manera en la que las ciudades intentan convertirse en nodos de innovación para competir globalmente?

He tenido la suerte de trabajar durante 31 años en una empresa como IBM, una compañía de más de 100.000 millones de dólares con una constante necesidad de reinventarse y una cultura empresarial centrada en la innovación. Lo hice además primero como diseñador, después como ingeniero y finalmente en el área de gestión como responsable de desarrollo de negocio en la división europea de servicios globales. En esta última fase tuve la oportunidad de participar en importantes proyectos relacionados con ciudades que intentaban transformarse para poder competir mejor globalmente mediante el despliegue de infraestructuras TIC. Las diferentes experiencias en IBM y en estos proyectos me demostraron que convertirse en nodo de innovación supone una cuestión muy compleja que implica mucho más que un simple despliegue de fontanería.

«El talento se ve tan atraído por un particular trabajo como por el lugar en el que lo va a desarrollar»

¿Y luego?

Luego realicé mi tesis doctoral sobre la relación entre generación de innovación y ciudades. Lo hice con el convencimiento de que existía una ausencia de conocimiento en un área que va a ser de vital importancia durante los próximos años. Las principales ciudades de las economías desarrolladas, muchas de ellas con un pasado industrial, se están transformando para convertirse en proveedoras de servicios intensivos en conocimiento. La transformación será todavía más radical en el caso de las zonas urbanas de países como India o China, ya que sus índices de crecimiento hacen necesaria su total reconfiguración. Cuando nací, unos 700 millones de personas de todo el mundo vivían en ciudades. Para cuando sea hora de retirarme profesionalmente la población urbana será de 5.000 millones de personas, o sea, siete veces más. Se necesitará una gran dosis de creatividad para crecer de manera sostenible, y el diseño y el urbanismo han de desempeñar un papel fundamental en este sentido.

¿Por qué en el mundo globalizado parecen competir más las ciudades y no los estados, tal como ocurrió durante el siglo XX?

En realidad, al estudiar bien esa competencia entre naciones, descubrimos que se trataba en su mayor parte de una competencia entre las diferentes capitales de cada uno de esos estados hecha en nombre del resto del país. De hecho, si nos fijamos bien en los procesos de transformación potenciados por ciudades como Nueva York, Chicago o Baltimore hace 100 o 120 años, todas ellas en el mismo país, comprobaríamos que no existían muchas diferencias respecto a los objetivos, métodos o razones por los que esas ciudades compiten hoy entre ellas y con las de otras naciones.

Un ejemplo...

Tanto esas ciudades estadounidenses como muchas otras europeas intentaron entre 1870 y 1890 desplegar inmensas redes de electrificación tan rápido como les fue posible, tal como se intentan hoy desplegar las redes de telecomunicaciones. Contar con la electricidad suficiente antes que otras ciudades suponía atraer la creación de empresas e industrias y a la mano de obra que éstas necesitaban. Por cierto, que las ciudades que no supieron ganar esa batalla por la electricidad, entre las que se encontraban algunas que partían con ventaja, lo pagaron posteriormente con un retraso en sus procesos de industrialización del que tardaron décadas en recuperarse.

«Los gestores de las empresas del futuro deberán ofrecer junto a su especialización una gran capacidad para conectar con gente proveniente de otras disciplinas, para entender su manera de trabajar y apreciar el valor de esta diversidad a la hora de crear innovación de forma colectiva»

¿Pero no iban a ser precisamente las nuevas tecnologías de la información y la comunicación las causantes de la muerte de la distancia y, por tanto, del fin de la necesidad de las ciudades?

Ése fue un pronóstico precipitado. En realidad, pasa lo contrario. Existe un fenómeno natural de clusterización, que además se muestra particularmente más agudo en las economías basadas en el conocimiento. El talento se ve tan atraído por un particular trabajo como por el lugar en el que lo va a desarrollar. Además de una determinada calidad de vida, uno de los atributos más apreciados por el talento respecto a ese lugar es que éste le permita mantenerse a la vanguardia de su conocimiento especializado. La interacción con más talento similar es uno de los elementos que le ayuda a conseguirlo. O sea, que el talento atrae al talento.

Por otra parte, las empresas buscan instalarse no sólo allí donde encuentran una concentración del conocimiento y habilidades que necesitan, sino también donde existe un entorno estimulante para que este conocimiento produzca innovación, es decir, un entorno lo suficientemente diverso. Además, la innovación necesita del intercambio de conocimiento, el intercambio de conocimiento necesita de la confianza, y ésta es difícil de obtener si no está basada en una relación cara a cara. Las ciudades siguen siendo hoy el nexo que integra todos estos componentes necesarios.

Hábleme un poco más de esa necesidad de interacción entre la diversidad que potencian las ciudades.

Le pondré el ejemplo del innovador programa MBA que estamos poniendo en marcha en Design London, con un enfoque multidisciplinar que obligará a sus alumnos a realizar proyectos conjuntos con los estudiantes de diseño del Royal College of Arts y con los futuros ingenieros de la facultad de Ingeniería del Imperial College. El concepto de este MBA responde al convencimiento de que los gestores de las empresas del futuro deberán ofrecer junto a su especialización una gran capacidad para conectar con gente proveniente de otras disciplinas, para entender su manera de trabajar y apreciar el valor de esta diversidad a la hora de crear innovación de forma colectiva.

Hablando de escuelas. ¿Cómo han de cambiar las que tenemos ahora para formar a los ciudadanos innovadores que necesitan las ciudades innovadoras?

Contrariamente a lo que se cree, la innovación no nace de grandes cantidades de creatividad. No se trata de ofrecer respuestas creativas, sino de ser capaz de hacer las preguntas pertinentes. Una respuesta creativa a la pregunta incorrecta no tiene mucho valor. El sistema educativo ha de formar a personas que tengan la habilidad de formular preguntas de maneras diferentes a las que se han considerado hasta el momento.

«El sistema educativo ha de formar a personas que tengan la habilidad de formular preguntas de maneras diferentes a las que se han considerado hasta el momento»

Usted participó en el estudio Well Connected Cities realizado en más de 160 ciudades de todo el mundo. ¿Cuáles fueron los descubrimientos más destacados?

El estudio versaba sobre el impacto de las TIC en esas ciudades y, más concretamente, en aquéllas que querían convertirse en nodos de innovación. Se quería averiguar hasta qué punto estas tecnologías y las infraestructuras desplegadas estaban desarrollando un papel en este sentido. Lo que nos encontramos fue con una gran diversidad de formas de conseguir el éxito. En algunos casos la tecnología no era parte integrante del sistema de innovación o de su estrategia, como ocurría, por ejemplo, en Dubai. En otros, la conexión social tenía tanta importancia como la conexión tecnológica. En ocasiones, el éxito como nodo de innovación provenía tanto de la conexión internacional como de las redes creadas dentro de la propia ciudad.

Entre sus áreas de estudio estuvo Barcelona. ¿Qué descubrió en ella?

Confirmamos que Barcelona es una ciudad con un gran poder de atracción para muchas personas de otros países. En consecuencia, la ciudad cuenta con una importante comunidad extranjera con unos altos índices de formación y muy bien conectada internacionalmente. Sin embargo, Barcelona como ciudad no mostraba unos índices demasiado elevados respecto a su conexión internacional con otras ciudades. Ése fue un descubrimiento extraño para mí y por eso realicé otro estudio más profundo entre esa comunidad internacional residente en el distrito 22@. Lo que descubrimos es que esas personas no se sentían lo suficientemente conectadas con la ciudad por diferentes razones, algunas de ellas relacionadas con una limitada capacidad de la población local para asimilarla o responder a sus necesidades.

La ciudad necesita crear mecanismos para facilitar esta integración. Ha de ser proactiva en este sentido, porque esta clase de talento tiene una gran movilidad y, en caso contrario, tenderá a utilizar la ciudad como hotel para congresos o vacaciones pero no para participar activamente con su conocimiento en el crecimiento económico del territorio. Y ésa es la diferencia entre conseguir que Barcelona sea el Palo Alto del Mediterráneo o, por el contrario, su Orlando.

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