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Aprendizaje y educación en la sociedad del conocimiento

Por Ferran Ruiz Tarragó

Es un hecho manifiesto que, mientras que la sociedad y las actividades laborales están cambiando mucho en los últimos años por la globalización y las TIC, no lo hacen en igual medida las escuelas y otras organizaciones de las que las personas dependen para aprender y orientar su vida, incluidas las universidades. El mundo escolar actual, concebido para el viejo orden industrial de la enseñanza en masa y el aprendizaje estandarizado, no consigue atender con éxito a un alumnado diverso, inquieto y complejo, alumnado que ha cambiado mucho más que las instituciones diseñadas hace tiempo para acogerlo.

Es un hecho manifiesto que, mientras que la sociedad y las actividades laborales están cambiando mucho en los últimos años por la globalización y las TIC, no lo hacen en igual medida las escuelas y otras organizaciones de las que las personas dependen para aprender y orientar su vida, incluidas las universidades. El mundo escolar actual, concebido para el viejo orden industrial de la enseñanza en masa y el aprendizaje estandarizado, no consigue atender con éxito a un alumnado diverso, inquieto y complejo, alumnado que ha cambiado mucho más que las instituciones diseñadas hace tiempo para acogerlo.

La respuesta de muchísimos jóvenes a la escolarización se manifiesta por medio de actitudes de escaso compromiso, de escapismo o de abierto rechazo. En la actual organización escolar incluso muchos buenos alumnos se sienten cotidianamente castigados por el mero hecho de ser individuos psicológicamente complejos encajados en un sistema diseñado básicamente con la premisa one-size-fits-all («un modelo para todos»). Salvo excepciones, el fomento de la creatividad y del espíritu emprendedor, la aplicación del conocimiento, y el desarrollo de la personalidad y de los valores no son los pilares sobre los que se articula la educación actual. El resultado de todo ello se manifiesta en términos de pasividad y conformismo, de limitadas competencias, de bajas calificaciones y de abandono escolar, con los consiguientes perjuicios personales, sociales y económicos.

Una tesis del ensayo es que es muy posible que, después de prestar un gran servicio, el modelo industrial de organización escolar esté llegando al final de su vida útil, al menos para amplias capas de la población. La funcionalidad global de la escolarización, con su enfoque despersonalizado y orientado predominantemente hacia adentro y hacia el pasado, parece poco adecuada para estimular a los jóvenes a hacerse cargo de sus vidas y a afrontar las grandes exigencias de nuestra sociedad.

Lo más básico que falta hoy en día son visiones atrevidas, coherentes, inspiradoras y a su vez realistas de lo que la educación podría ser dentro de 10 o 20 años. Pero el sector educativo da pocas señales de responder por sí mismo a estos grandes retos. A pesar de que dispone de muchos informes sobre su estado y de que cuenta con grandes profesionales, se observan pocos progresos e incluso se percibe el agravamiento de ciertos problemas, lo que permite conjeturar que la educación actual no es una industria del conocimiento, ya que el conocimiento sobre sus propias prácticas no le basta para transformarse.

La educación es posiblemente el único ámbito que aún debate la utilidad de las TIC, aunque éstas tengan cada vez mayor presencia en los centros educativos. Los procesos de incorporación de las TIC carecen a menudo de un enfoque profundo y renovador, tanto por la falta de nuevas visiones de la educación como por factores estructurales que bloquean la innovación, como pueden ser un currículo excesivamente orientado a los contenidos, las limitaciones de la evaluación -que emplea procedimientos que no permiten valorar la consecución de nuevos objetivos-, la organización burocrática del profesorado y la consiguiente despersonalización de la actividad académica, las deficiencias en la organización de los centros, y, muy especialmente, la falta de atención al liderazgo educativo, que en los centros públicos españoles se materializa en un sistema de dirección escolar obsoleto, con más carencias que posibilidades, con más restricciones mentales y funcionales que poder de intervención sobre la realidad.

El sistema educativo tiene una gran necesidad de relacionarse con el mundo exterior, de aprender de él, de salir de su tradicional aislamiento y endogamia, tanto para mejorar sus prácticas como para formular nuevos objetivos y sistemas de organización y funcionamiento. En especial debería aprender del mundo de la empresa, que ha desarrollado un lenguaje común en torno a conceptos como incremento de productividad, orientación al cliente, gestión del cambio, reingeniería, gestión de la información, cultura corporativa y partenariado con otras organizaciones. Estos conceptos le permiten interactuar, innovar y hacer frente a retos continuos, y en ellos las TIC tienen un papel estratégico. Ninguno de estos conceptos debería ser ajeno al sector educativo: se podrían incorporar al mismo dando lugar a nuevos diálogos, a una nueva generación de conocimiento y a un proceso de mayor integración de la educación en la dinámica social.

Los retos actuales requieren actuar con visiones y energías renovadas que permitan superar la falta de liderazgo, la insatisfacción permanente, el conformismo y la escasa relación con el exterior que imperan en el sistema educativo. Es preciso renovar los temas de debate, dar un protagonismo real a los alumnos y a sus padres, y apostar fuertemente por la colaboración entre los profesionales de la educación y los agentes empresariales y sociales, todo ello con el objetivo de enriquecer el sistema educativo con conocimientos y enfoques que hasta ahora le han sido ajenos. Sólo así parece posible avanzar por la senda de la transformación del aprendizaje, de los centros escolares y del propio sistema educativo que se requiere para estar a la altura de las exigencias y urgencias de la sociedad del conocimiento.

Nota: Este es un resumen del artículo del mismo autor, galardonado con el Premio Ensayo 2006 de la Fundación Everis

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