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Jordi Roma
Fundador de Simbec Ibérica

Presentado por Alfons Cornella como un virtual entrepeneur, la empresa de Jordi Roma es un modelo de cómo se puede montar una multinacional tan sólo con el know-how preciso; un teléfono móvil, correo electrónico y los archivos corporativos colgados en la Red. Tres años después de fundar Simbec Ibérica con un amigo, “definiendo toda la estructura, de principio a fin, sin levantarnos de una cafetería”, está empresa cuenta con dos patentes mundiales, tiene siete proyectos más en marcha y vende sus productos por medio mundo.

Según explicó Jordi Roma, su proyecto nace una buena mañana en que, tras 20 años de experiencia en diferentes sectores de la sanidad y la investigación farmacéutica “de donde me despidieron o me marché”, comprende que “algo no funciona bien en las organizaciones” y llama a un colega de profesión que domina otra parte del proceso farmacéutico, y que estaba también en el paro, “para ver si podíamos montar algo”.

Quedan a las 10 de la mañana y empiezan a hablar. Se dan cuenta de que entre ambos saben todo lo que hay que saber de la cadena de producción de los medicamentos genéricos. “¿Tienes el teléfono del coreano que fabricaba esa materia prima?”. Le llaman y está de acuerdo en fabricarla para ellos en cuanto le avisen.

Se inicia así una ronda de llamadas a todos sus contactos de los diferentes eslabones de la cadena de producción, hasta llegar al experto que agilizará el registro de los medicamentos (uno de los obstáculos habituales del sistema), así como un sondeo a las grandes multinacionales potencialmente interesadas en comercializar los genéricos que la nueva empresa -en esos momentos, todavía una entelequia- pueda producir para ellas.

Faltaba tan sólo constituirse jurídicamente como empresa, porque “aquello, tal y como funciona esta país, en que necesitas un NIF o no eres nada, podría haber pasado tan sólo por un grupo de amigos”. Así que llamaron “a un amigo especializado en estas cuestiones legales para empresas que empiezan” y en 20 minutos quedaba prácticamente constituida Simbec Ibérica, en su vertiente legal.

“Era la hora de comer y todavía no nos habíamos levantado de la misma cafetería”, apunta Roma. “Nos llamamos por la noche para confirmar que seguíamos adelante. Y comentamos entonces, que podíamos coger una secretaria, un despacho... Pero, pensamos que podíamos empezar trabajando desde casa hasta ver qué pasaba”.

“Y hasta ahora. Casi cuatro años después, en mi tarjeta sólo consta mi teléfono móvil y mi dirección de Internet. Trabajo desde casa y todos los archivos de la empresa están en un servicio de externalización para empresas en la Red”, añade. “Con total confianza, y desde luego mucho más seguros que en mi casa, en la que hace unos meses sufrí un pequeño incendio y se quemó mi ordenador”.

Un modelo de negocio que no tiene nada que ver con las punto.com, pero que sabe aprovechar todas las posibilidades que ofrecen las herramientas de trabajo telemático. Sea como fuere, un modelo absolutamente innovador basado en una cadena de valor formada por actores soberanos, que trabajan en paralelo, y cada uno de los cuales controla completamente su parte del proceso, algunos de ellos desempeñando varios roles, para rentabilizarlo al máximo en beneficio propio y del resultado final.

“Siguen siendo los mismo actores de la cadena, pero ya no trabajan en línea. Nosotros controlamos todo el diseño estratégico del proceso para poder trabajar con los mejores, estén en Bilbao, Barcelona o Amsterdam”, explica el cofundador de Simbec Ibérica. “Un proceso basado en la profesionalidad, la confianza y el beneficio mutuo de actores soberanos trabajando en red”.